GEO NARCO POLÍTICA: Cuando el Narco juega mejor la geopolítica que el Estado

Hay que decirlo sin rodeos: el MRN se convirtió en la máscara legal del narcotráfico. Esa supuesta fuerza política que prometía regeneración nacional terminó siendo el instrumento perfecto para que los cárteles operaran con legitimidad institucional. Lo que PRI, PAN y PRD intentaron, con toda su herencia de corrupción y simulación democrática, el narco lo consiguió: control territorial, influencia internacional y poder político. La diferencia es que el narco sí entendió cómo se juega el ajedrez geopolítico.

¿Quién necesita un Estado fallido cuando se tiene un Estado funcional al crimen? Los cárteles lo aprendieron rápido: financiar campañas, infiltrar instituciones y ofrecer la “paz” de su control armado. Se adueñaron de rutas comerciales, territorios estratégicos y hasta del discurso político. Así, el MRN se convirtió en la cara visible y pseudo legal de un poder paralelo que ahora dicta políticas internas y externas.

El narco no sólo controla territorios; gestiona fronteras, exporta mercancías y negocia con actores internacionales. Se transformó en un actor geopolítico con más pragmatismo que cualquier gobierno en turno. Mientras los partidos tradicionales jugaban a la democracia de cartón, el narco entendió el verdadero mapa: soberanía es control de territorio, y poder blando es comprar lealtades con dólares y terror.

El problema de fondo radica en la prohibición. Al negar el libre mercado en ciertas industrias, el Estado generó un mercado negro donde la ley es irrelevante y el poder se mide por la fuerza. El narcotráfico prospera no porque sea invencible, sino porque opera en un ecosistema que el propio gobierno creó. El MRN simplemente entregó las llaves.

Aquí es donde el libertarismo hace la pregunta incómoda: ¿qué sentido tiene un Estado que en lugar de proteger a sus ciudadanos se convierte en el socio visible del crimen? La narrativa de la “seguridad nacional” se desmorona cuando el gobierno se sienta a la mesa con el crimen organizado. En este escenario, el Estado no es solución; es parte del problema.

La geo narco política redefine las reglas. La política exterior se negocia bajo la sombra de intereses ilícitos, y la política interior se administra con la lógica del mercado negro. El narco no buscó la legitimidad del voto; se apropió de quien sí la tenía. Mientras tanto, la población queda atrapada en un sistema donde el poder real no se elige, se impone.

Si los cárteles jugaron mejor el juego geopolítico, es porque entendieron lo que los políticos tradicionales nunca quisieron aceptar: el poder no se mendiga, se toma. Y el MRN, lejos de resistirse, ofreció el escenario perfecto para que esto ocurriera. El resultado: un país donde la política se volvió el teatro y el narco, el verdadero director de la obra.

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